Tema: Música
Punto de vista: Kuday y su éxito
Hipótesis: Es exitoso porque es novedoso, bien realizado y tiene buena calidad musical
Producto de un estilo bien estudiado y atractivo, ayudado de una inteligente inversión monetaria, a parte de su variedad en los temas. Este grupo juvenil se ha logrado consolidar en la música nacional y de a poco se hace un espacio en el extranjero.
Hace alrededor de unos tres años atrás la audiencia musical chilena comenzó a familiarizarse con un conjunto de adolescentes que hacía presentes sus primeras armas en el concierto nacional. Estos chicos eran Kuday. Muchos temieron que corran idéntica suerte que otros grupos nacionales como Supernova, Stereo Tres y otros conjuntos que usaron la misma fórmula de usar cantantes jóvenes y mezclar sus voces pero al final de un tiempo pasaron al olvido para no ser más que un efímero recuerdo en la memoria colectiva chilena.
Kuday dijo otra cosa al respecto. Hoy con una apuesta novedosa y una inversión monetaria bien apuntada han logrado posicionarse con éxito a nivel local y las puertas al escenario internacional ya están abiertas, tanto así que el año pasado ganaron un premio MTV. Los aspectos de los integrantes del grupo son muy ad hoc con lo actual, logran una identificación con la gente de su edad, sólo es cosa de ir a una discoteque en Santiago y ver como se visten los jóvenes de su edad, la mayoría de ellos se visten de manera muy similar a los componentes del grupo.
En cuanto a la inversión puesta en ellos, podemos presenciar como se han efectuado un buen número de espectáculos con gran respuesta por parte ciudadana, los cuales han servido para conflagrar unir el calor de la banda con el del público. En el mismo sentido ha sido muy positiva la incursión que han tenido en el área publicitaria, lugar en el cual han promocionado algunos productos, lo cual ha sido útil tanto para el artículo publicitado como para el grupo en búsqueda de su posicionamiento en el mercado.
Algo que posee Kuday y que no gozaron los grupos antecesores en su mismo estilo es una amplia gama musical, ellos ha diferencia de los otros han logrado producir una gran cantidad de temas de calidad en el mercado, su tiraje musical no se agota en dos o tres temas, sino que cuenta con más de diez canciones reconocidas por el público y que constantemente suenan en los diales chilenos.
En Chile en múltiples ocasiones se ha visto mucho talento, pero que se han perdido por un sin número de situaciones, esto nos exhibe que para triunfar hay que poseer mucho más que condiciones artísticas. Kuday se enteró de esto y hoy nos encontramos frente a los resultados.
miércoles, 25 de abril de 2007
miércoles, 18 de abril de 2007
Triunfo chileno, y de los grandes
“Pulitzer ganado por una chilena, ¡wuau! A propósito, que cresta es esa cuestión”. Miles de chilenos se siguen haciendo esa pregunta. Sin embargo, los llena de orgullo tener conocimiento de que una compatriota se haya erigido como la mejor en algo en tierras norteamericanas, incluso no sabiendo en que consiste el premio. El problema está en los que intentan sembrar la duda sobre la nacionalidad de la escritora y la importancia del galardón.
No es de extrañar que se dejen caer los desconfiados de siempre, “Oye pero si Elliot no es un apellido muy chileno”, declaran. Claro que no, su padre es estadounidense pero ante semejante interrogación que comienza a despertar las sospechas acerca de la nacionalidad de la premiada -dejando entrever que acontezca lo que pasó con el chileno de la serie “Lost”, que ni siquiera sabía hablar español- irrumpe la voz salvadora que dice, “la mamá es chilena, cáchate que tiene apellido Romero”. En ese instante vuelve la confianza en la legitimidad del triunfo criollo
Después llegan los típicos que dicen “y que tanto, si el premio no es nada del otro mundo”. Mentira grosera, a nivel mundial el Pulitzer es uno de los premios más importantes en cuanto se refiere a periodismo. No se deje engañar por esos chaqueteros de siempre, que producto de la envidia y la desinformación tiran para abajo todo lo que se les pase por el frente. Recuerde a las marcianitas, las mismas que cuando salieron victoriosas del Mundial de Hockey Patín nadie les dio la cobertura suficiente porque en este país no se reconoce ni al que gana, si no pregúntenle al “Chino” Ríos, que cada vez que sale en televisión es para resaltar un escándalo farandulero, y no lo veneran como el magnífico ídolo del tenis que es.
Independiente de todo esto espero que el reconocimiento llegue, sería un éxito para el periodismo nacional, y un aliciente para levantar el alicaído ánimo del medio en nuestro país. Por eso, este es un triunfo chileno, y uno de los grandes pese a todas las descalificaciones –las cuales preveo al ser mal pensado- y dudas que se formulen respecto al premio.
No es de extrañar que se dejen caer los desconfiados de siempre, “Oye pero si Elliot no es un apellido muy chileno”, declaran. Claro que no, su padre es estadounidense pero ante semejante interrogación que comienza a despertar las sospechas acerca de la nacionalidad de la premiada -dejando entrever que acontezca lo que pasó con el chileno de la serie “Lost”, que ni siquiera sabía hablar español- irrumpe la voz salvadora que dice, “la mamá es chilena, cáchate que tiene apellido Romero”. En ese instante vuelve la confianza en la legitimidad del triunfo criollo
Después llegan los típicos que dicen “y que tanto, si el premio no es nada del otro mundo”. Mentira grosera, a nivel mundial el Pulitzer es uno de los premios más importantes en cuanto se refiere a periodismo. No se deje engañar por esos chaqueteros de siempre, que producto de la envidia y la desinformación tiran para abajo todo lo que se les pase por el frente. Recuerde a las marcianitas, las mismas que cuando salieron victoriosas del Mundial de Hockey Patín nadie les dio la cobertura suficiente porque en este país no se reconoce ni al que gana, si no pregúntenle al “Chino” Ríos, que cada vez que sale en televisión es para resaltar un escándalo farandulero, y no lo veneran como el magnífico ídolo del tenis que es.
Independiente de todo esto espero que el reconocimiento llegue, sería un éxito para el periodismo nacional, y un aliciente para levantar el alicaído ánimo del medio en nuestro país. Por eso, este es un triunfo chileno, y uno de los grandes pese a todas las descalificaciones –las cuales preveo al ser mal pensado- y dudas que se formulen respecto al premio.
miércoles, 11 de abril de 2007
En busca del mundo perfecto
Pasaron los años y Julio Ordóñez (el capitán Julio como lo llamaban) no pudo dejar de recordar aquel año 73. Esa época en que llegó el gobierno militar al poder. Ese 73 donde las bases del socialismo cayeron hasta el punto que apareció un golpe de Estado que terminó violentamente con el gobierno democráticamente elegido. Sin duda uno de los momentos más complejos de la historia de Chile, el cual al capitán Julio le tocó ver desde la vereda de los vencidos.
Julio Ordóñez, hijo mayor de un minero del carbón. Nació el año 1935 en la ciudad de Lota ubicada en la octava región. Desde pequeño veía con impotencia los abusos que ocurrían en el yacimiento carbonífero. Esto explica que desde joven comenzó a protestar en contra de los maltratos que sufrían los trabajadores de su zona. Durante esa época se empezó a acercar a movimientos socialistas. El año 1955 ingresó a las filas del partido Comunista y se marchó a Santiago en busca de mejores oportunidades. Él pensaba que las ideas de lucha de clases y revolución propuestas por Marx, eran el remedio que arreglaría las desigualdades en este país.
Pese a todo, Julio Ordóñez se desempeñó en una serie trabajos para ganarse la vida. Fue jardinero, gásfiter, barrendero de la calle. Pese a que no obtenía grandes remuneraciones con estos trabajos, él no se iba mover de Santiago porque estaba convencido que era en esta ciudad donde había que comenzar la revolución contra la burguesía y su capital.
Subida y caída
Una vez que Frei Montalva llegó a la primera magistratura, el capitán Julio y todo el partido Comunista veían el poder cada vez de más cerca, sentían que su hora ya venía. Durante este gobierno se dedicó a hacer todo tipo de propaganda a favor del régimen comunista ruso y de como funcionaría de bien éste en Chile.
Fue tan destacado el trabajo de propaganda que desarrolló, que incluso el mismo Carlos Altamirano lo puso como ejemplo de cómo debía ser el comunista por excelencia. Siempre se le destacó su disposición, compromiso y lealtad hacia el partido.
Uno de los momentos más felices de su vida según revelaba, fue cuando se modificó la ley de reforma agraria y se podían expropiar más hectáreas de los fundos, de esa manera se le iba a dar a los pobres lo que se merecen, argüía. Luchó en las calles para que esto se produjera y esa pelea finalmente tuvo réditos. Ya divisaba el fin del capitalismo en este país. Miraba con júbilo como penetraban las ideas comunistas en el poder, se venía el estatismo y nadie lo podría detener según su mirada de esa época.
Comenzaban las campañas electorales para definir el Presidente de Chile. Corría el año setenta y después de muchas discusiones se determinó que el candidato de la Unidad Popular (unión de partidos que representaban a la izquierda del país) sería Salvador Allende Goosens. Ese mismo año se realizó la elección y salió elegido Allende.
Según el capitán Julio, el nunca vio una fiesta igual. Jamás se tomó tanta chicha en este país contaba. Los comunistas no podían creer la llegada al poder de un personaje de su bloque político. “Esta era nuestra oportunidad”, comentaba en su círculo de confianza.
Durante esos años trabajo en diversos comités gubernamentales, veía con emoción como se iba concretando poco a poco el proyecto izquierdista, el que iba a cambiar Chile.
En 1971, el capitán Julio ya llevaba siete años casado y pretendía regalarle el mejor Chile posible a su pequeño hijo. “Es el gran legado que le puedo dejar”, decía.
Llegado 1973, todo se derrumbó. Sus esperanzas quedaron destruidas después del abrupto golpe de Estado que terminó con toda una ilusión, todo un sueño. Se acababa todo eso por lo que había luchado.
Poco después de aquel suceso fue arrestado y llevado a prisión. Fue torturado de diversas maneras, pero eso al capitán Julio no le importaba, ya que el gran regalo que tenía para su hijo se había esfumado y sintió que todo se había acabado.
Julio Ordóñez hasta hace poco pintaba casas para mantenerse económicamente. Esto antes de que tomara la terrible decisión de quitarse la vida, la cual dejó de vivir según él, después de ese once de septiembre 1973, que terminó con todo por lo que había luchado.
Julio Ordóñez, hijo mayor de un minero del carbón. Nació el año 1935 en la ciudad de Lota ubicada en la octava región. Desde pequeño veía con impotencia los abusos que ocurrían en el yacimiento carbonífero. Esto explica que desde joven comenzó a protestar en contra de los maltratos que sufrían los trabajadores de su zona. Durante esa época se empezó a acercar a movimientos socialistas. El año 1955 ingresó a las filas del partido Comunista y se marchó a Santiago en busca de mejores oportunidades. Él pensaba que las ideas de lucha de clases y revolución propuestas por Marx, eran el remedio que arreglaría las desigualdades en este país.
Pese a todo, Julio Ordóñez se desempeñó en una serie trabajos para ganarse la vida. Fue jardinero, gásfiter, barrendero de la calle. Pese a que no obtenía grandes remuneraciones con estos trabajos, él no se iba mover de Santiago porque estaba convencido que era en esta ciudad donde había que comenzar la revolución contra la burguesía y su capital.
Subida y caída
Una vez que Frei Montalva llegó a la primera magistratura, el capitán Julio y todo el partido Comunista veían el poder cada vez de más cerca, sentían que su hora ya venía. Durante este gobierno se dedicó a hacer todo tipo de propaganda a favor del régimen comunista ruso y de como funcionaría de bien éste en Chile.
Fue tan destacado el trabajo de propaganda que desarrolló, que incluso el mismo Carlos Altamirano lo puso como ejemplo de cómo debía ser el comunista por excelencia. Siempre se le destacó su disposición, compromiso y lealtad hacia el partido.
Uno de los momentos más felices de su vida según revelaba, fue cuando se modificó la ley de reforma agraria y se podían expropiar más hectáreas de los fundos, de esa manera se le iba a dar a los pobres lo que se merecen, argüía. Luchó en las calles para que esto se produjera y esa pelea finalmente tuvo réditos. Ya divisaba el fin del capitalismo en este país. Miraba con júbilo como penetraban las ideas comunistas en el poder, se venía el estatismo y nadie lo podría detener según su mirada de esa época.
Comenzaban las campañas electorales para definir el Presidente de Chile. Corría el año setenta y después de muchas discusiones se determinó que el candidato de la Unidad Popular (unión de partidos que representaban a la izquierda del país) sería Salvador Allende Goosens. Ese mismo año se realizó la elección y salió elegido Allende.
Según el capitán Julio, el nunca vio una fiesta igual. Jamás se tomó tanta chicha en este país contaba. Los comunistas no podían creer la llegada al poder de un personaje de su bloque político. “Esta era nuestra oportunidad”, comentaba en su círculo de confianza.
Durante esos años trabajo en diversos comités gubernamentales, veía con emoción como se iba concretando poco a poco el proyecto izquierdista, el que iba a cambiar Chile.
En 1971, el capitán Julio ya llevaba siete años casado y pretendía regalarle el mejor Chile posible a su pequeño hijo. “Es el gran legado que le puedo dejar”, decía.
Llegado 1973, todo se derrumbó. Sus esperanzas quedaron destruidas después del abrupto golpe de Estado que terminó con toda una ilusión, todo un sueño. Se acababa todo eso por lo que había luchado.
Poco después de aquel suceso fue arrestado y llevado a prisión. Fue torturado de diversas maneras, pero eso al capitán Julio no le importaba, ya que el gran regalo que tenía para su hijo se había esfumado y sintió que todo se había acabado.
Julio Ordóñez hasta hace poco pintaba casas para mantenerse económicamente. Esto antes de que tomara la terrible decisión de quitarse la vida, la cual dejó de vivir según él, después de ese once de septiembre 1973, que terminó con todo por lo que había luchado.
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