Pasaron los años y Julio Ordóñez (el capitán Julio como lo llamaban) no pudo dejar de recordar aquel año 73. Esa época en que llegó el gobierno militar al poder. Ese 73 donde las bases del socialismo cayeron hasta el punto que apareció un golpe de Estado que terminó violentamente con el gobierno democráticamente elegido. Sin duda uno de los momentos más complejos de la historia de Chile, el cual al capitán Julio le tocó ver desde la vereda de los vencidos.
Julio Ordóñez, hijo mayor de un minero del carbón. Nació el año 1935 en la ciudad de Lota ubicada en la octava región. Desde pequeño veía con impotencia los abusos que ocurrían en el yacimiento carbonífero. Esto explica que desde joven comenzó a protestar en contra de los maltratos que sufrían los trabajadores de su zona. Durante esa época se empezó a acercar a movimientos socialistas. El año 1955 ingresó a las filas del partido Comunista y se marchó a Santiago en busca de mejores oportunidades. Él pensaba que las ideas de lucha de clases y revolución propuestas por Marx, eran el remedio que arreglaría las desigualdades en este país.
Pese a todo, Julio Ordóñez se desempeñó en una serie trabajos para ganarse la vida. Fue jardinero, gásfiter, barrendero de la calle. Pese a que no obtenía grandes remuneraciones con estos trabajos, él no se iba mover de Santiago porque estaba convencido que era en esta ciudad donde había que comenzar la revolución contra la burguesía y su capital.
Subida y caída
Una vez que Frei Montalva llegó a la primera magistratura, el capitán Julio y todo el partido Comunista veían el poder cada vez de más cerca, sentían que su hora ya venía. Durante este gobierno se dedicó a hacer todo tipo de propaganda a favor del régimen comunista ruso y de como funcionaría de bien éste en Chile.
Fue tan destacado el trabajo de propaganda que desarrolló, que incluso el mismo Carlos Altamirano lo puso como ejemplo de cómo debía ser el comunista por excelencia. Siempre se le destacó su disposición, compromiso y lealtad hacia el partido.
Uno de los momentos más felices de su vida según revelaba, fue cuando se modificó la ley de reforma agraria y se podían expropiar más hectáreas de los fundos, de esa manera se le iba a dar a los pobres lo que se merecen, argüía. Luchó en las calles para que esto se produjera y esa pelea finalmente tuvo réditos. Ya divisaba el fin del capitalismo en este país. Miraba con júbilo como penetraban las ideas comunistas en el poder, se venía el estatismo y nadie lo podría detener según su mirada de esa época.
Comenzaban las campañas electorales para definir el Presidente de Chile. Corría el año setenta y después de muchas discusiones se determinó que el candidato de la Unidad Popular (unión de partidos que representaban a la izquierda del país) sería Salvador Allende Goosens. Ese mismo año se realizó la elección y salió elegido Allende.
Según el capitán Julio, el nunca vio una fiesta igual. Jamás se tomó tanta chicha en este país contaba. Los comunistas no podían creer la llegada al poder de un personaje de su bloque político. “Esta era nuestra oportunidad”, comentaba en su círculo de confianza.
Durante esos años trabajo en diversos comités gubernamentales, veía con emoción como se iba concretando poco a poco el proyecto izquierdista, el que iba a cambiar Chile.
En 1971, el capitán Julio ya llevaba siete años casado y pretendía regalarle el mejor Chile posible a su pequeño hijo. “Es el gran legado que le puedo dejar”, decía.
Llegado 1973, todo se derrumbó. Sus esperanzas quedaron destruidas después del abrupto golpe de Estado que terminó con toda una ilusión, todo un sueño. Se acababa todo eso por lo que había luchado.
Poco después de aquel suceso fue arrestado y llevado a prisión. Fue torturado de diversas maneras, pero eso al capitán Julio no le importaba, ya que el gran regalo que tenía para su hijo se había esfumado y sintió que todo se había acabado.
Julio Ordóñez hasta hace poco pintaba casas para mantenerse económicamente. Esto antes de que tomara la terrible decisión de quitarse la vida, la cual dejó de vivir según él, después de ese once de septiembre 1973, que terminó con todo por lo que había luchado.